Mi primer día de la mala madre

Aunque haya tantas maneras de vivir la maternidad como madres en este mundo, una no puede evitar sentir una presión social permanente que le deja claro lo que se espera de ella, y juzga duramente cada salida de tono, cada una de las cosas que esa madre hace, y, según los cánones establecidos, no debería hacer.Yo soy una experta es eso; en hacer y decir cosas que se supone que ‘no tocan’, que no cuadran con la etapa que estoy viviendo.

Por supuesto, eso de tener que dar explicaciones a cualquiera que se atreva a cuestionar tu manera de vivir la maternidad es algo que solo nos pasa a nosotras. Porque nunca nadie da por supuesto que un padre va a dejar de ir a un acto por la tarde/noche para quedarse en casa durmiendo a su retoño, pero, si eres la madre, está claro que tu lugar a partir de cierta hora está en tu casa y no en ningún ‘sarao’. Tampoco es a ellos a los que les preguntan insistentemente si van a cogerse una excedencia o van a reducirse la jornada laboral. Porque se da por hecho que si alguien tiene que quedarse en casa o trabajar menos horas fuera de ella, esa es, sin lugar a dudas, la madre.

Por eso, por todas esas imposiciones sociales con las que no comulgo, me pregunto si, tú, Candela. no habrás tenido mala suerte al encontrarte con una madre que desea volver a trabajar y recuperar esa parte de vida que le falta; una madre que desea librarse de ti un ratito cada día para cosas inconfesables y mal vistas en una madre primeriza. Porque yo no quiero que se queden contigo para  poder ducharme, ir a comprar o al médico; a mí lo que me da la vida, lo que necesito, es que se queden contigo un rato para poder ir al gimnasio, quedar con amigos, ir a un evento o tomarme un gin tonic.

Tal vez hayas tenido mala suerte, no te lo voy a negar. Sí, ser tu madre me ha cambiado y me ha hecho valorar otras cosas, pero no le ha dado sentido a mi vida porque de eso ya tenía.

Es cierto, no doy el pego de madre abnegada, no sé ocultar la mala leche que se me pone cuando lloras sin motivo aparente, no tengo la paciencia que se le supone a una madre.

Pero te puedo asegurar, Candela, que no das una sola vuelta en tu cuna sin que yo la oiga y que desearía poder quedarme con todos y cada uno de tus pequeños y grandes dolores solo para que no te tuvieran que doler a ti. Aunque, de momento, lo único que he conseguido al respecto es somatizar tus dolores en mi propio cuerpo. Esa debe ser la razón por la que hace un par de días, cuando te tuvimos que llevar a que te repitieran la prueba del oído, amanecí sin haber pegado ojo, con náuseas, diarreas y el estómago en un puño. Pero todo se me pasó de golpe en el mismo instante en el que me dijeron que la prueba había salido bien. Es muy difícil explicar cómo es posible sentir como propio lo que le pasa a otro cuerpo que no es el tuyo, aunque haya salido de él, pero así es como yo te siento, como una parte de mí.

Y sí, te repito otra vez más, que tal vez hayas tenido mala suerte. Porque, además de todo lo anterior, te ha tocado una madre que no sabe bailar, que no sabe cantar, que tiene bastantes problemas con los juegos infantiles y con los trabajos manuales, y que nunca te podrá coser un disfraz para la función de Navidad del colegio.

Una madre, por si esto fuera poco, a la que no le gustan los niños; a la que solo le gustas tú. Pero que está segura de que eso no cambiará nunca. Porque tú eres y serás para siempre la parte más importante de mí. No lo olvides.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Temas

  • Archivos

A %d blogueros les gusta esto: