Penas de telediario

Por fin vamos a centrarnos en lo verdaderamente importante. Se acabó eso de abrir en titulares con la detención de un exvicepresidente del Gobierno, de un extesosero del principal partido del país, de un expresidente o consejero de un Gobierno autónomo, de un presidente de Diputación… Todo eso no es noticia; no es más que ruido mediático por el que nos dejamos llevar los periodistas; cosas sin enjundia alguna que nos impiden darle la repercusión que se merece a las noticias verdaderamente importantes, como la ola de calor (o de frío, según se tercie), la operación salida (o retorno), lo bien que va el turismo (o lo bien que se nos da a los españoles ser camareros de los guiris en los chiringuitos de verano) o la cuestión de estado que supone que unos cuantos energúmenos silben el ‘lolo lolo’ (profunda letra de nuestro himno nacional).

Como digo, queridos compañeros, nos hemos dejado llevar por una extraña moda creada por algún ser sin sentido común. ¿La de las hombreras? -os preguntaréis-. No, la de convertir a la corrupción, el amiguismo, el caciquismo y el mamoneo en noticia. Y más aún, en noticia de portada. ¿A quién se le ocurre? ¿Acaso la picaresca no forma parte del ADN de este país? ¿En qué pretendemos convertirnos? ¿en europeos? No, hombre, no. Esto no tiene ninguna razón de ser.

Menos mal que el Gobierno ha estado atento y ha decidido acudir en nuestro auxilio para facilitarnos nuestra labor informativa y conseguir que volvamos a centrarnos en lo verdaderamente noticioso (como hacíamos cuando vivía el tío Paco. Qué tiempos aquellos en los que las inauguraciones de pantanos o la pesca del Caudillo abrían titulares y portadas a toda página). Pues bien, gracias a la modificación de la ley de enjuiciamiento criminal sugerida a golpe de mayoría absoluta por el PP y apoyada (por si hacía falta un refuerzo) por CiU, desaparecerán las llamadas ‘penas de telediario’.

Así, los medios se podrán ahorrar mandar a un redactor, a un cámara, a un fotógrafo (¡o a los tres!) a la puerta de la casa de un expresidente del Gobierno que está siendo detenido o a la puerta de la cárcel de donde entra o sale un ministro y expresidente de una comunidad autónoma, un banquero, un tesorero…

De un plumazo, consiguen que los medios de comunicación dediquen sus desnutridas y famélicas plantillas a cubrir las noticias de verdad y protegen el derecho al honor de los imputados (perdón, a partir de ahora, ‘investigados’).

¿Y qué fue del derecho de los ciudadanos a tener una información veraz? ¿A enterarse de lo que está pasando? ¿A sacar sus propias conclusiones a través de la información? -preguntan algunos ilusos-.

A ver… no os pongáis profundos, queridos colegas. Pan y circo, que es lo que se lleva. Además… con este calor ¿quién puede pensar en azotar al poder? (con lo que cansa eso, por dios…)

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