Amigos irreales

Ayer, cuando llegué al curro y fui a abrir el perfil de Facebook de la empresa, me encontré con la sorpresa de que el señor Facebook me decía que el perfil no era de persona, sino de empresa y, por tanto, había procedido a bloquear mi cuenta con mis 5000 amigos dentro (bueno, con los 5000 amigos de Cultura Ribera Baja, más bien).

El bloqueo iba acompañado de unas instrucciones para que convirtiera mi perfil en página y, si lo hacía bien, conseguiría que mis amigos pasaran a ser seguidores y que los álbums de fotos de las actividades realizadas en los últimos cinco años se mantuvieran ahí en vez de dormir en el limbo de los justos.

Y es que, como se suele decir, lo que mal empieza, mal acaba, así que estaba claro que el día menos pensado el señor Facebook se cansaría del tema y acabaría castigando a todos esos a los que nos ha dado una inmensa pereza convertir nuestros perfiles corporativos en puñeteras páginas en las que nadie quiere darle al puñetero ‘me gusta’.

Así que, ahora que ya no tenía otro remedio, me puse a ello. Hice la copia de seguridad, crucé los dedillos y, cuando ya estaba cantando victoria, el señor Facebook me dijo que la nueva página tenía que estar asociada a un perfil de persona física, con nombres y apellidos. Y así nació Mari Pili Rueda, una fémina de 35 años, según podemos leer en su perfil, en el que no hay ninguna foto. Pero ni el hecho de no tener cara, ni el hecho, aún más grave, de no existir, han sido impedimento para que Mari Pili hiciera amigos. En una sola mañana, Mari Pili no solo se ha convertido en la “persona con nombre y apellidos” que gestiona la nueva puñetera página de Cultura Ribera Baja, sino que ha conseguido que 170 personas, que no saben ni quién es, ni la razón de su existencia, aceptaran su solicitud de amistad.

Y es que, aunque Mari Pili sea un personaje inofensivo y no tenga como misión hurgar en la vida de sus nuevos amigos, no deja de ser alucinante los pocos reparos que tenemos en abrir de par un par nuestra vida telemática a perfectos desconocidos. Gracias a esta inusitada confianza, Mari Pili podrá saber a partir de ahora cuándo y dónde se van de vacaciones sus ‘amigos’, verlos en fotos, saber lo que piensan de algunos temas, enterarse de a quién conocen…

Es decir, que nos escandaliza (y con razón) que haya empresas que trafiquen con nuestros datos personales, pero somos capaces de abrir nuestra vida a golpe de red social por el mero hecho de ‘acumular’ amigos. Qué más da que no los conozcamos. Qué más da que no existan. Lo realmente importante es el ‘postureo’, y no hay nada más guay que tener cientos de amigos que puedan darle a ‘me gusta’ cuando colgamos la foto de nuestros pies tostándose al sol en una incómoda hamaca de playa.

Cosas del siglo XXI.

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