Me vengaré con voz de Mónica Naranjo, cabrones

Los seis días que llevo obligada a no pronunciar palabra, so pena de que mi voz suene fatal de los fatales para siempre (o al menos con eso te amenazan los médicos…), me han dado para limpiar de arriba a abajo la casa,  planchar toda la ropa de los armarios, hacerme un curso on-line, leerme dos libros y organizar el barullo en el que se habían convertido mis álbumes de fotos, pero, sobre todo, me han servido para darme cuenta de que, ante mi incapacidad temporal, existen cuatro tipos de personas:

-Las que te preguntan: Ya saben que no puedes hablar, pero les da lo mismo. Te hacen preguntas que requieren una respuesta que va más allá de decir sí o no con la cabeza. Son esas personas que hacen que te mates a escribir en tu libreta, aunque, la mayoría de las veces, cuando les das a leer la respuesta, ellas ya han cambiado de tema, y entonces tienes que escribirles también a qué les estás respondiendo. Yo creo que son personas que me odian en secreto y están aprovechando estos días para vengarse de mí ‘en silencio’.

-Las que te gritan. Son esas que cuando se enteran de que no puedes hablar piensan que existe una conexión automática entre la sordera y el mutismo y alzan el tono de voz con la esperanza de que les oigas y, así, les contestes.

-Las que te gesticulan. Estas son una evolución del primer tipo y suelen acompañar sus gritos con gestos, con la esperanza de que, si no los oyes berrear, tal vez puedas deducir lo que te están diciendo a través de la mímica. Aunque en su fuero más interno albergan la duda de que, a la vez que las cuerdas vocales te hayan trasteado también el sentido común y, en consecuencia, hayas perdido para siempre la capacidad de entendimiento.

-Las que te susurran. Estas son muy divertiaos porque pretenden solidarizarse con tu situación hablándote bajito, muy bajito. Lo malo es que suelen esperar que tú también les contestes susurrando. Se ve que piensan: “tú dímelo bajito, que si solo me entero yo es como si no hubieras hablado, que yo no se lo digo a nadie”.

Hasta aquí los divertidos. Luego están los que se preocupan por ti y te fríen diariamente a wasap que agradeces de corazón (y esto lo digo en serio), pero claro, tanto mensaje fulmina la batería de tu pobre móvil, que se revela contra ti y decide que a partir de ahora no quiere cargarse en ningún enchufe de la casa, solo en el cargador del mechero del coche (manda huevos).

Y, por último, están los que me ponen de peor genio que tener que ir todos los días a cargar el móvil al coche, y son los que, después de meses sin llamarte ni interesarse por tu vida, te escriben para ver cuando pueden pasarse a verte. ¿Pero, vamos a ver, cuando estoy bien no encuentran tiempo para quedar conmigo y cuando no puedo hablarles quieren quedar a toda prisa? Pues, una de dos, o a más de uno le pone enfermo escucharme hablar o lo que les ‘pone’ es verme jodida… No sé que es peor…

Pero aprovechad, que en pocos días volveré al mundo de los hablantes. Y pienso cambiar mi antiguo tono grave a lo Joaquín Sabina por un agudísimo tono al más puro estilo Mónica Naranjo. Aviso.

 

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