Borracha

Borracha, por supuesto, te corriste la primera juerga, y seguramente te sentiste por primera vez rebelde. Borracha diste los primeros besos con lengua. Borracha tus primeros toqueteos en la discoteca. Y si no el primero, el tercer encuentro sexual estabas borracha. Borracho viviste tu primer gatillazo y te despertaste en un banco que no recuerdas ni siquiera pasado el tiempo dónde se encontraba. Borracho te atreviste a dar el primer paso y te sentiste adulto. Borracha te viste en el cielo y borracho en el infierno. Borracha entablaste amistades para toda la vida cuyo único vínculo era la ginebra. Borracho definiste un tipo de ocio basado exclusivamente en la cerveza.

Borracha en las fiestas, en los ratos de ocio, en los encuentros sexuales, en los flirteos, para bailar, en las cenas de amigos, para empapar las penas, para celebrar las alegrías, para desinhibirte, por Navidad, cuando los cumpleaños, por haber aprobado, por haber suspendido, borracha en la boda y en el bautizo, porque cae la tarde de verano, para a hora del vermú, borrachos todos por las Fallas y por El Pilar, para ir a un concierto y porque yo lo valgo, borracha porque mañana es fiesta.

Durante cientos de fines de semana, el tiempo se distribuyó de la siguiente manera. Viernes: borrachos de las ocho de la tarde a las cuatro de la mañana. Sábado: con resaca de las 10 a las 14h. y borrachos de las ocho de la tarde a las cuatro de la mañana. Domingo: con resaca de las 10 a las 18h. El resto del tiempo durmiendo.

A veces tengo la sensación de que me lo he bebido todo, y que lo mismo han hecho los que tenía alrededor, y nuestros mayores. Y seguramente es verdad. Lo pienso ahora que hablan de nuestros hijos y de que si las multas a sus padres. Me mondo. Me imagino a las autoridades de Pamplona intentando multar padres por San Fermín, y a todos los Aznares que en España hay preguntando en voz alta a ver quién es el guapo que les dice con cuántos vinos puede conducir. Me imagino a esas mismas autoridades que ahora tratan de multar excesos, de multar a los padres cuyos hijos…, me las imagino argumentando que el alcohol es una droga, como esas que ellos sí prohíben con los ojos en blanco. Me las imagino admitiendo que, además, es la droga más peligrosa, porque siempre está al alcance, porque está muy bien visto tomarla, porque se puede consumir en público, porque hay cientos de miles de establecimientos dedicados a su venta, porque su publicidad paga gran parte de los actos culturales del país, y de las publicaciones. Me los imagino, en fin, llegando a casa y prescindiendo de eso tan chic que ahora se llama afterwork y que no es sino una excusa para tomarse un lingotazo antes de recogerse.

Llevamos el alcohol cosido a la costumbre. Y me pregunto si las autoridades se habrán parado a pensar en qué podría ocupar su tiempo de ocio, y el de la resaca, la población sin borrachera. Tanto, tantísimo tiempo… Igual, de hacerlo, volvían a callarse y bajaban el precio.

 

Cristina Fallarás, blog Zona Crítica, 6 de junio de 2013

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