Los hijos retrones de Gallardón

1.-Creo que todos coincidiremos en los siguientes puntos:

Nacer ciego, sordo, con síndrome de Down o malformaciones congénitas es una putada.
Tener un hijo con algún problema físico, sensorial o mental es una putada.
Cuando hablo de esto y expongo el primer argumento, la réplica inmediata es: “¿A ti te gustaría que hubieran abortado?”. Sin embargo, es una pregunta imposible de responder por la sencilla razón de que la alternativa a nacer es la nada. Si no hubiera nacido, simplemente no existiría y no me gustaría o dejaría de gustar mi situación. La pregunta es falaz y supone un ejercicio de demagogia.

Hasta cierto punto, soy afortunado: no estoy demasiado cascao, tengo la cabeza amueblada y mi familia no es pobre (dato crucial a la hora de tomar este tipo de decisiones). Pero no es ético obligar a nadie a pasar por lo mismo que yo he pasado. Ahora que los talibanes salpican las vallas publicitarias de fotografías de niños sonrientes, me dan ganas de mostrar imágenes de mis piernas tras la última intervención quirúrgica, la decimocuarta. Un aviso similar al del pulmón ennegrecido que aparece en las cajetillas de tabaco.

La siguiente réplica de los que se oponen a la libertad de la mujer es: “¿Deben todas las mujeres abortar en caso de malformación?” Por supuesto que no. Igual que no se debe obligar a nadie a tener un hijo no deseado, no se debe forzar un aborto. Es una situación muy personal y cada uno debe reflexionar y decidir qué es lo más conveniente. O lo menos perjudicial.

Tercera réplica: “Si tu pareja estuviera embarazada y la ecografía mostrara que nacerá con defectos físicos, sensoriales o mentales, ¿abortarías?” Mi respuesta es un rotundo sí. La vida ya es bastante complicada, ¿qué necesidad hay de añadir más problemas?

2.-

Los talibanes tergiversan las palabras y al aborto por malformaciones lo llaman “aborto eugenésico”. Así, todo el que defienda suspender el embarazo por este motivo, defiende en realidad la eugenesia; y la eugenesia nos remite de forma inmediata al nazismo. Y ya sabemos que el nazismo simboliza todo lo malo que hay en este mundo (incluso el pobre Wagner es despreciado porque Hitler era fan suyo).

La gestora de una web contraria a la libertad de las mujeres escribe:

El aborto eugenésico, es decir el que se permite en los casos de disminución psíquica o física del feto, consiste en eliminar a aquellos seres humanos a los que no se considera dignos de vivir, al no reunir una serie de requisitos que les permitiesen desenvolverse con normalidad en el futuro. Estos argumentos están basados en criterios utilitaristas y económicos, olvidando que la dignidad de la persona no está en función del desarrollo físico o psíquico que pueda alcanzar.

La autora del texto escoge sus palabras a conciencia: eliminar, requisitos, criterios utilitaristas. No dice que la dignidad de la persona también pasa por limpiarse el culo sin ayuda o que en el caso de los retrones la calidad de vida sí se reduce a criterios económicos. Como hemos argumentado en este blog: si eres retrón y no tienes dinero, estás doblemente jodido.

Los mismos que dicen defender todas las vidas son los mismos que recortan las exiguas ayudas a la dependencia; hay que defender a los fetos, pero después de nacer que se apañen como puedan. Los mismos que dicen que todos somos hijos de dios niegan la comunión a una niña con discapacidad mental del 65%.

Ya en julio de 2012 podíamos leer en La Razón:

Sin duda, Ruiz-Gallardón será objeto de todas las iras de la izquierda proabortista que, cautiva de sus dogmas, es capaz de abrazar aberraciones éticas como la eugenesia, que formó parte fundamental del corpus doctrinal del nazismo; pero también deberá enfrentarse a una opinión pública, herida de «buenismo», que sólo ve una carga insoportable en el nacimiento de un niño con minusvalías.

Retuercen la conversación para llevarla a su terreno. Pero al leerlo pienso que el autor jamás ha conocido a un retrón.

3.-

Esto me lleva a desear que el señor Ruiz Gallardón y el resto de talibanes tengan hijos retrones antes de aprobar la ley. Tal vez si el retoño de Soraya Sáenz de Santamaría padeciese síndrome de Down, sus compañeros de Gobierno se pensarían 2 veces cambiar este punto de la ley.

También sería interesante pasar una semana en Moncloa y pedirle a Rajoy que me cortase el filete y me acompañase después al baño. O ver a Rouco Varela tirando de la grúa para duchar a mi socio.

Pero claro, ellos nunca se verán en esta situación. Si la ecografía anunciase malas noticias, es muy posible que se saltasen la ley que ellos mismos firmaron. ¿Acaso los políticos cumplen todas las normas? O tal vez tener un hijo retrón no afectase a su calidad de vida porque en el Santander tienen dinero suficiente para pagar a un cuidador 24 horas al día.

4.-

Insisto en lo que escribí en mi anterior artículo. Pueden hablar de defensa de la vida, de igualdad, citar a la ONU o a dios; al final la cuestión es la misma: ¿queremos una sociedad donde las mujeres sean libres y autónomas o una sociedad donde un puñado de talibanes decidan qué es mejor para ellas?

Como dibujó El Roto hace unos días, da la impresión de que buscan convertir los pecados en delitos.

 

Raúl Gay. Publicado en eldiario.es el 8 de mayo de 2013

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