¿Dimitirá Rajoy por el caso Bárcenas?: cuatro escenarios

Por primera vez desde que Mariano Rajoy está en La Moncloa, en los corrillos del Congreso sus señorías especulan con que el presidente se vea obligado a dimitir. Los políticos, de uno y otro signo, barajan distintos futuros en sus análisis. Por orden de probabilidad, son estos cuatro.

1. Rajoy aguanta. El primer escenario parece, de largo, el más probable. En la redacción de eldiario.es hemos hecho una porra y yo he apostado (un euro) por este futuro. ¿Qué pasará? Que no pasará nada, y Rajoy seguirá en la presidencia, más cuestionado en su capacidad, más tocado en su credibilidad, más hundido en las encuestas, pero al frente de un Gobierno con mayoría absoluta y el control sobre el diario más influyente del país: el BOE. Cuando la presión sea menor, y no antes, es probable que veamos un cambio en el Consejo de Ministros con el relevo de las piezas más gastadas: Ana Mato ( y su cañón de confeti Big Blaster) y Cristóbal Montoro (y suamnistía fiscal para la Gürtel). Pero si la situación económica mejora mínimamente, no descarten incluso que el hoy muerto Rajoy rejuvenezca y repita incluso como candidato. Más enterrado parecía en 2008, tras su segunda derrota frente a Zapatero, y ahí le tienen ahora, triunfando.

La misión parece hecha a su medida. La resistencia es la especialidad de Rajoy, su mayor virtud política. Sus colaboradores dicen de él que tiene piel de rinoceronte, que aguanta la presión como nadie y que su filosofía frente a la prensa se resume en una frase que suele repetir a sus colaboradores: “No hagáis caso a los titulares”. Rajoy cuenta con una cómoda mayoría absoluta, con el apoyo unánime de todo su grupo parlamentario y, lo más importante, con la confianza de Angela Merkel, que el lunes tuvo que pasar el trago de aguantar preguntas sobre la corrupción en España, pero que sigue respaldando al presidente.

Pero, ¿qué sucederá si el caso Bárcenas sube un nuevo grado? ¿Si el juez Ruz consigue, por ejemplo, la confesión de algunos de los empresarios que supuestamente pagaron esas cantidades al partido? En ese caso, el termómetro a seguir no son las manifestaciones en las calles: es la prima de riesgo.

2. Un nuevo presidente del PP. España tiene que refinanciar 230.000 millones de euros este año y cada punto de más en el tipo de interés supone una inmensa cantidad de dinero. El gran problema del caso Bárcenas es que no estamos ante un escándalo de corrupción en Matalascañas: es una noticia internacional que ha llegado a los mismos medios que leen ese abstracto anónimo al que llamamos “los mercados”. España es un país donde el máximo responsable del poder judicial ha dimitido por pagarse los viajes de placer a cargo del contribuyente, donde la jefatura del Estado está salpicada por otro caso corrupto y donde incluso el presidente del Gobierno está hoy, por primera vez, bajo la sombra de los sobres en negro. “España no es Uganda”, que decía Rajoy, pero en el índice sobre la corrupción empata con Botsuana.

Si la presión internacional aumenta –la clave sigue siendo Merkel– lo más probable es que el PP opte por una solución interna: una dimisión de Rajoy seguida por el nombramiento de un nuevo miembro del partido que no esté salpicado por este escándalo. No hace falta que ese hipotético nuevo presidente tenga hoy escaño: la Constitución permite nombrar a cualquier español, siempre que tenga el respaldo de la mayoría de los diputados. Por orden de probabilidad, hay tres nombres que ya suenan: Soraya Sáenz de Santamaría, Alberto Ruiz Gallardón y Alberto Núñez Feijóo. ¿Las posibilidades de Esperanza Aguirre? Muy pocas: son inversamente proporcionales a sus ganas de acaparar titulares. Otra cosa, eso sí, es que acabe montando un nuevo UPyD escindido del PP.

Sí hay un cuarto nombre más, que algunos entre la vieja guardia proponen pero que otros en el partido rechazan: José María Aznar.

3. Un Gobierno tecnócrata. Pero el expresidente ideal si la situación política sigue despeñándose no es Aznar: es más bien alguien como lo que en su momento fue Adolfo Suárez. Un hombre de consenso fuera hoy de la vida política (¿Josep Piqué?, ¿González Páramo?, ¿Javier Solana?), capaz de restaurar esa confianza rota con los ciudadanos, con un Gobierno de concentración nacional hasta el final de la legislatura. La opción tecnócrata solo podría suceder en un situación aún más extrema que la actual. En Italia llegó no por una acusación de corrupción –si ese es el criterio, Monti habría gobernado hace una década–, sino cuando Berlusconi se enfrentó en los tribunales a un caso de prostitución de menores.

4. Elecciones anticipadas. Es la opción más improbable de todas y la razón es sencilla: es tanto como pedirle al PP que se haga el harakiri. La derecha disfruta en España de una cómoda mayoría absoluta y unas elecciones anticipadas tras la dimisión de Rajoy sería un suicidio para ellos. No parece que en España vayamos a tener una mayoría así en unos cuantos años y el escenario electoral que pintan las encuestas se parece más al puzzle parlamentario de Euskadi o Catalunya; el bipartidismo está muy tocado. Esta fragmentación tampoco interesaría a la troika, que prefiere un Gobierno estable, así que la opción cuatro es, sin duda, la más improbable de todas. También sería el futuro más democrático, pero esa virtud en estos años negros cotiza a la baja.

 

Publicado por Ignacio Escolar el  6 de febrero de 2013 en eldiario.es

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