Esperanza periodística (por Julià Álvaro)

Llevo toda la tarde escuchando radios, revisando páginas web de periódicos, mirando informativos de televisión y, en todas partes, la dimisión de Esperanza Aguirre como presidenta de la Comunidad de Madrid es el tema estrella. Las crónicas, las tertulias, los comentarios son una glosa constante de la figura de Aguirre y de su particular personalidad. Se destaca su tirón popular, sus éxitos electorales. Nada se dice del balance de sus 30 años de carrera política. No solamente eso, se olvidan capítulos fundamentales de su biografía como la vía por la que llego a la presidencia de Madrid.

No voy a detenerme en los temas personales. Son cuestiones que, políticamente, considero que no dan para un análisis aunque sea con lo que nos han bombardeado durante todo el día. 

Esperanza Aguirre me parece una política muy menor y no estoy de acuerdo con todo el ditirambo con el que se ha rodeado hoy a su persona. Aguirre lleva 30 años en puestos destacados o muy destacados de la vida política española pero en lo recordatorios de su carrera lo único que se destacan son “logros” del estilo de: llamó “hijo de puta a Gallardón”, tejió una trama que intentó espiar a aquellos compañeros de partidos de los que dudaba, sobrevivió a un accidente de helicóptero, pasaba por allí cuando hubo un atentado islamista en un hotel de la India, hizo una rueda de prensa en calcetines, no sabía quien era Santiago Segura, pensaba que Dulce Chacón era una escritora cubana viva, creía que “Airbag” era una película extranjera, deseaba la muerte de los arquitectos, calificó a los periodistas de “pelmazos” por seguirla cuando ella no quería que la siguieran… En fín, eso y que se autodenominaba liberal, que no simpatizaba con la cosa pública y que se llevaba fatal con Gallardón y con Rajoy. Bien, pero ¿y que balance de gestión presenta para justificar ese supuesto “lugar destacada en la política española de los últimos años? ¿Dónde están sus logros? Privatizar buena parte de la sanidad madrileña, recortar los tiempos de espera hospitalarios modificando, eso sí, el modelo para calcularlos,  privatizar también la enseñanza, recortar la plantilla de profesores, poner en marcha un conjunto de colegios bilingües en base a despachar maestros para colocar auxiliares no dejan de ser, al menos como avance, muy poca cosa. No digo que sus simpatizantes, aquellos con los que comparte liberalismo y una profunda fe cristiana, no puedan estar contentos. Lo que digo es que de aquí a que ésto le asegure el lugar en la historia que parece reclamar tanta atención sobre su persona, tantos adjetivos de admiración, me parece que va un abismo. 30 años de carrera, concejal, diputada, presidenta del Senado, presidenta de la Comunidad de Madrid y ministra creo que podrían dar para bastante más. Si le añadimos como ha manipulado y hundido Telemadrid y como ha coronado su trayectoria trayendo a la capital de España un proyecto, Eurovegas, que tiene toda la pinta de ser un nuevo “timo” de los tan habituales “grandes proyectos” que no pasan de pelotazos que enriquecen a cuatro y arruinan al resto, pues la cosa todavía se pone peor.
No le veo a Esperanza Aguirre un lugar destacado en las enciclopedias. En todo caso, me temo que lo más que quedará de ella es el capitulo de su llegada a la presidencia de Madrid gracias a dos tránsfugas a los que su partido “compró” para asegurarse que iban a traicionar al PSOE y a sus votantes e iban a imposibilitar que los legítimos vencedores de una elecciones autonómicas, la izquierda madrileña, pudiera gobernar. Fue en 2003. Fue un “Golpe de Estado versión democrático-financiera siglo XXI”. Los que ganaron se quedaron sin gobierno. Se repitieron las elecciones y terminó ganado Aguirre. A la segunda.
Acabo. De toda esta tarde de grandes palabras y piropos generosos me quedan tres dudas que nadie ha comentado. La primera, Esperanza Aguirre, tan contraria a subsidios y demás “mamandurrias”, ¿piensa renunciar a su indemnización o a su pensión por tantos cargos políticos desempeñados? La segunda, ¿como es posible que diga que no se considera una profesional de la política si desde que ganó unas oposiciones como Técnica del Estado en 1976 ha trabajo seis años como tal y treinta como cargo público? La tercera, ¿nadie le va a exigir que concrete por qué se va a una persona que hace poco más de un año reclamó la confianza de los votantes en unas elecciones? ¿Por qué tanta especulación? ¿Por qué no se reclama a este tipo de dimisionarios que se expliquen, que justifiquen por qué no cumplen un compromiso adquirido?
Todo ésto es la Aguirre que a mí me podría interesar y no la de las ruedas de prensa en calcetines. Ya lo sé, este post no habla tanto de Esperanza Aguirre como del periodismo español. El periodismo español está tan mal que, a lo mejor por eso, tiene más repercusión una rueda de prensa en calcetines que el balance de 30 años de gestión política. Por eso al periodismo español le parece tan importante Aguirre.

Julià Álvaro, post del 17 de septiembre de 2012, de su blog “Ni oraciones, ni bostezos”

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