Mi querido memo

Hace bastante que no escribo nada de cosecha propia, pero es que la actualidad me tiene tan harta, tan cansada, que no encuentro ni el momento, ni las palabras. Estoy preocupada, pero, sobre todo, estoy saturada de este país de pandereta y circo. No consigo averiguar qué hemos hecho de malo en nuestras vidas pasadas para merecer a los más ineptos gobernantes, a los más ineptos banqueros y a los más ineptos de todos los poderosos. Por acortar, llamémosles a todos memos.

Y es que creo, sinceramente, que soy capaz de coger del cuello al próximo memo que me venga a decir que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Mira, querido memo: tengo una hipoteca pequeña de un cuarto piso sin ascensor porque los que sí lo tenían se me iban de precio, tengo un coche pequeño que se cae a trozos porque lleva más de 190.000 kilómetros y ya lo compré de segunda mano, tengo una tele de 32 pulgadas que pagué a plazos. Al año, cuando acabé de pagar la tele, me compré un ordenador portátil que pudiera sustituir al que ya tenía, que había fenecido al cumplir la década, vaya usted a saber por qué.

Mis gastos vacacionales consisten en escaparme algún fin de semana a algún lugar baratito (si es comprando algún cupón para que el precio sea de oferta, mejor) o en ir a gorrear un poco de sol y playa al apartamentillo (que no mansión, ni resort…) de algún amigo con suerte (bueno, o con padres con suerte, depende). Desde que mis amigos se empezaron a casar, priorizo el ir a su boda, antes que las mini-escapadas vacacionales de las que hablo, y todavía no me ha llegado nunca el dinero para poder hacerme un viaje de verdad, de esos en los cambias de país y todo. He salido de España cuatro veces, y las cuatro ha sido a gorrear a casas de amigos y en plan barato. Bueno, sin contar la vez que fui a Andorra, que estuve en un hotel y entonces serían cinco!! Cualquier gasto imprevisto, como que se me se rompa el coche o la lavadora, supone un drama en mi vida porque, simple y llanamente, me obliga a pedir el dinero para poder afrontarlo. Y eso, contando con la inmensa suerte de tener unos padres que serían capaces de no comer con tal de ayudarme.

Así que, mi querido memo, te llames como te llames, por encima de sus posibilidades habrás vivido tú y tu puñetera madre. Porque yo y los míos te aseguro que no, así que, hazme el favor, guárdate la frasecita para los millones de memos como tú que han especulado, malversado, engañado, blanqueado y hundido a este país. Y también para todos esos que han convertido las pequeñas deudas de la gente sensata en un agujero de miles de millones que ahora debemos todos: los que son memos y los que no.

Si hubiera sabido todo esto, creo que hubiera vivido, mientras hubiera podido, por encima de mis posibilidades.

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Comments
One Response to “Mi querido memo”
  1. Diani dice:

    Pues sí, la p. frasecita se la podían meter por el ano todos los inútiles que la repiten como si fuera dogma. Es verdad que hubo gente que se flipó comprándose el chaletazo y el BMW, y que fardaba de lo caro que había vendido su piso a algún pringao. Esos cayeron hace tiempo ya, arrastrados por la crisis, y no me dan ninguna pena. Sin embargo, esta crisis es como un tsunami que va arrastrando a gente y más gente normal, honrada, trabajadora y que nunca vivió “por encima de sus posibilidades”. Y todo por culpa de los inútiles que sí lo hicieron y de los que se lo pusieron en bandeja para que así fuera.

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