¿Dónde estaban los periodistas en Bankia?

Las dimensiones políticas de la crisis económica son difíciles de camuflar. Por supuesto, las circunstancias externas y una serie de decisiones financieras suicidas son lasque han sacado todo esto a flote, pero cada vez parece más claro que se tomaron con el visto bueno cuando no la recomendación de los poderes públicos. Conforme el escándalo de Bankia, el engaño en los déficits, las irresponsabilidades de los puestos a dedo y la parálisis de una clase política que no tiene nivel para nada que no sea contestar “tú antes” o “y tú más” sigue creciendo, resulta inevitable hacerse otra pregunta: ¿Qué ha hecho el periodismo durante todos estos años aparte de mirar a otro lado?

Dejemos claro para empezar que acusar al “periodismo”, como acusar a “la política”, de algo es cargar de responsabilidad a un concepto, a algo abstracto. Ha habido periodistas valientes como ha habido políticos honestos. El problema es que ni los políticos honestos han salido a desenmascarar a sus compañeros corruptos ni los periodistas valientes han querido salirse de esta especie de “omertá” en la que vivimos, donde nadie dice nada, nadie denuncia nada, todo el mundo acepta ruedas de prensa sin preguntas y se limita a seguir la consigna del entrecomillado según la tendencia del medio al que pertenezca, sus miserias y sus deudas.

Hace unos meses, en agosto de 2011, cuando el PP y el PSOE se pusieron de acuerdo para cambiar la Constitución e introducir un límite de déficit, Rosa Díez se dirigía al pleno del Congreso buscando una serie de “ciudadanos” que pudieran votar en conciencia y lejos de la disciplina de partido. “¿No habrá siquiera 35 ciudadanos aquí que vayan a impedir esto?”, se preguntaba Díez, recordando el deber de la comunidad por encima del partidista. No, no los hubo.

Esa pregunta podría hacerse ahora: ¿No habrá diez, veinte, treinta políticos de PP o PSOE que reconozcan que todo lo que han estado haciendo en Cajas de Ahorro y demás organismos públicos de este país ha sido un reparto indecente de cargos y comisiones con lo que eso conlleva: corrupción, ineptitud, servidumbre, incapacidad de una visión empresarial propia de ese nombre, desinterés por el bien público? No los hay, no. Y dejen que pregunte yo ahora: ¿No habrá uno, dos, tres ciudadanos, directores de medios de comunicación, que dejen de un lado su enfoque decimonónico de izquierda/derecha y se dediquen a perseguir a los que han expoliado durante años este país?

No, no los habrá, tampoco. Si hubiera valientes así, ya habrían salido. Ya habrían denunciado desde el principio las connivencias, los sueldos exagerados, los estómagos agradecidos… Cada día habríamos tenido una portada con esa información, habríamos tenido investigadores valientes que cuadraran cuentas y levantaran liebres. No. Aquí solo sabemos poner numeritos y exclamaciones: “¡525, 530, 535…!”. ¿Por qué este silencio?, ¿por qué el silencio de tantos años?, ¿en qué momento los periodistas decidimos que la realidad no iba con nosotros, que no había nada que vigilar, que lo que nos dijeran estaba bien, así iría en la siguiente edición?

¿Dónde estaba el periodismo libre mientras centenares de millones en comisiones y trapicheos pasaban literalmente delante de sus narices?

Medios de comunicación que dependen de partidos y de grandes corporaciones. Medios de comunicación que despiden o explotan a sus becarios mientras sus directores se rasgan las vestiduras en las tertulias de la radio. Periodistas que se dedican a imitar a sus jefes: “tú empezaste antes, todo esto es culpa tuya”, sin que nadie explique la verdad: que hay culpables con nombres y apellidos, que casi toda esta información es pública, que no hay que depender de que PP o PSOE inicien una comisión de investigación en ningún sitio para cotejar esas cuentas y ver quién mintió, dónde y en qué.

La crisis económica, insisto, es también una crisis política. El dibujante Aleix Saló me comentaba hace poco que si los políticos fueran solo parásitos no tendría sentido que destruyeran el cuerpo que les da de comer. Es cierto. No solo eso, sino que una sociedad sin políticos, sin partidos… es una sociedad que se entrega a los brazos de Amanecer Dorado. En el caos no triunfan liberales ni socialdemócratas, triunfan populistas y fascistas. Hay que tomárselo en serio. Hay que denunciar. Portada tras portada. Sin sesgos ideológicos. Volver a las cosas mismas. Decía Ortega y Gasset que ser de izquierdas o ser de derechas eran dos maneras de ser idiota: pues bien, ocultar lo que hace la izquierda, ocultar lo que hace la derecha, son dos maneras de hacer un periodismo irresponsable y cómplice. No podemos permitírnoslo.

Fuente: Guillermo Ortíz, el Imparcial 31/5/2012
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