Por esta profesión que me corre y me corróe

Estoy un poco harta de comenzar siempre mis post pidiendo disculpas por mi falta de constancia a la hora de escribir, así que hoy no lo haré. Mi profesión es escribir, así que me parece entendible que no siempre cuando llegas a casa tengas ganas de seguir haciendo lo mismo. A veces sí, pero muchas otras veces no. Así que ésa es la razón de mi reciente pasividad bloguera.

Tras algunas dudas (no muchas) y con algo de temor (por qué no decirlo) mañana lunes tomaré posesión de mi nuevo cargo en la junta de la Asociación de Periodistas de Aragón. El tesón de la anterior presidenta (que ahora deja el cargo)  y mi facilidad para meterme en demasiados jardines me han llevado a esta situación. A mi alrededor, una junta con mucha más experiencia  que yo en la profesión y en sus miserias, algo que, sin duda, se agradece porque siempre es una gran oportunidad para aprender, pero que también me hace que albergar el temor de si seré capaz o no de aportar algo útil.

Por otro lado, he de decir, que no sólo me hace ilusión ser la yogurina de la nueva junta directiva (hace tanto que no soy la más joven de ningún sitio!!), sino que me he metido en este lío con la idea  firme de que no sólo tenemos derecho a quejarnos en pequeños corrillos endogámicos, sino que también podemos hacer algo por mejorar la situación de una profesión en crisis permanente, que parece no tocar nunca fondo. La situación es mucho peor ahora que cuando ya la calificábamos de ‘lamentable’ (siempre entre nosotros y en voz bajita, eso sí). A los sueldos miserables se le ha unido ahora el trabajo gratuito y el desprestigio social. Todo ello acompañado del mismo intrusismo laboral que siempre nos ha acompañado.

Pero me niego a creer que no se pueda hacer nada por mejorar una situación que ahora mismo es difícil de empeorar. Nos pasamos la vida hablando de los conflictos laborales de los demás, de las consecuencias de la crisis en todos y cada uno de los sectores económicos imaginables y, sin embargo, somos incapaces de hablar de nuestra realidad y de la nuestros compañeros de profesión. Un mutismo absoluto envuelve a los medios cuando se trata de hablar de ERES en medios de comunicación ajenos. Como si, de repente, a los redactores de turno les entrara un ataque de confidencialidad.”Que cada uno lave los platos sucios en su casa”, parecen decir.

En fin, callar siempre es más fácil que actuar, así que, ejerceré mi derecho al pataleo con la seguridad que da el haber tocado fondo y que, por tanto, todo lo que se haga por esta profesión que todos amamos y odiamos al mismo tiempo tiene que ser para mejorarla.

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