Se acabó

Sólo eran dos palabras. Dos palabras que había pensado muchas veces. Y ésta sólo era una más de todas ellas. ‘Se acabó. Las cosas van a cambiar -pensó- porque yo ya no puedo más’. Lo que Inés no sabía es que cuando los humanos decimos no poder más solemos estar todavía a mitad de listón. Y justo cuando creyó que la decisión ya estaba tomada, sonó el teléfono. Era él. Y le pedió perdón. De nuevo perdón. Y ella se dejó convencer. De nuevo se dejó convencer. Y todo siguió como hasta entonces, en débil equilibrio. Y unas cuantas lágrimas más cayeron en el vaso de su infelicidad. Algún día, el vaso rebosaría, aunque, para entonces, tal vez fuera demasiado tarde.

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