Persistencia

A veces pienso que los problemas de mayores no me pegan; que me sentía mejor con mis tontunas de adolescente. Tal vez en el momento parecían graves, pero se solventaban con mucha rapidez, con la misma con la que habían venido. Ahora no. Ahora arrastras y arrastras los mismos problemas a lo largo de los días, las semanas, los meses y, lo peor de todo, los años.  Y es que, cuando se entra en la edad adulta, ‘nunca nada se va del todo’; hasta cuando crees haber pasado página, no es del todo cierto: las preocupaciones que parecen haber quedado atrás pasan a estar en un rinconcito de  tu mente, escondidas detrás de las ilusiones nuevas y dispuestas a recuperar por la fuerza su lugar original en el centro de la mente cuando vean la más mínima oportunidad.

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