Reflexiones sin mucho rumbo (para qué negarlo…)

Los sentimientos son muy difíciles de explicar con palabras. La indignación, la desilusión, la decepción, la frustración, el rencor… todas las cosas malas que somos capaces de sentir son casi imposibles de plasmar. Con las cosas buenas, con los sentimientos agradables es más fácil, aunque cuando se está bien pocas veces se piensa en escribir. Será por eso por lo que los grandes literatos las han pasado muy putas en esta vida.

Yo hoy me siento en un impas entre lo bueno y lo malo. Y eso aún es más difícil de explicar. Me siento indignada, desilusionada, frustrada y decepcionada. Mucho. Rencor? Un poco también, sí. Pero, por primera vez en mucho tiempo, siento que el fin de todos estos sentimientos está cerca. No quiero consumir más energías en cosas y personas que no merecen la pena y no quiero sentirme ninguneada por más tiempo. Por eso, junto a todo lo anterior, siento también ganas de pasar página, de iniciar capítulo, de olvidarme de todo lo malo para poder centrarme en lo bueno. Sólo en lo bueno. A veces, las personas, como los barcos, necesitamos un golpe de timón, un cambio de rumbo, que nos sirva para llegar a buen puerto, aunque nadie esté libre de encontrarse con marejadas por el camino (o incluso fuertes marejadas; o marejadillas, que siempre me han hecho mucha gracia, o…)

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