Adiós, mi amiga

Luna plañidera de opaca luz,

rompe el silencio de su voz.

Acompaña con tu mirada

la marcha de su figura en la noche.

Y deja que Dios maldiga ese Viernes Santo

donde el sueño se hizo dolor

donde la muerte perdió el pulso con la vida

y donde el mundo quedó vacío

de gracias, de risas y de alegrías.

Adiós mi amiga, a Dios entregas tu alma,

mientras, a nosotros nos queda tu sombra,

tu piel aceituna, lo espigado de tu figura

y lo grande de tu persona.

Adiós mi amiga, adiós amiga mía.

Deja tu alma libre,

al cuidado de la luna,

deja tu corazón a los recuerdos de la tierra

y deja tu imagen, tu alegre imagen,

a los que miran las estrellas.

 

Dedicado a alguien muy especial que fue muy importante en una época de mi vida.

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