Indocumentada… de nuevo

Puedo presumir de ser una de las pocas españolas (porque no creo que pueda haber muchas más, estoy casi segura) a las que con la friolera de 30 años (Dios, que contundente suena) no se les ha caducado nunca el DNI. ¿Como puede ser? -os preguntaréis-.  Es fácil; caducan cada 5 años y yo nunca he estado esa ingente cantidad de tiempo sin perderlo o sin que me lo roben. Ayer no sé cual de las dos cosas sucedió, pero el resultado es que vuelvo a estar sin DNI, tarjetas de crédito y tarjeta ciudadana (o sea, la que hace las veces de tarjeta bus, tarjeta bizi y tarjeta para aparcar el coche).

Expondré los hechos de forma más detallada para que os podáis reir un poco (tampoco es muy divertido, pero oye, es que escribir me desahoga). Ayer, 5 menos cuarto de la tarde. Harta de ver colgaos de una cuerda al otro lado de mi ventana a los obreros q están pintando la fachada de mi casa decido, ante la total falta de intimidad para echarme una siesta como es debido, irme al gimnasio a endurecer un poco el culo. Me dirijo a coger el autobús. Cuando doblo la esquina veo llegar al 23; decido no correr para no tener que quedarme con cara de gilipollas cuando el simpático conductor de Tuzsa me cierre la puerta en los morros. El resultado es que, como suele ser habitual, el bus arranca justo cuando yo llego a la parada; disimulo; como si ése no fuera el mío…

Al rato llega otro, rebusco en mi bolso, saco ese monedero por última vez en mi vida, pago con mi flamante tarjeta ciudadana y mientras me abro camino entre el montón de gente que se coloca justo delante de las puertas y en los lugares donde más pueda molestar, ma agarro a una barra para no caerme con los tranquilos y pausados arranques y frenazos de los simpáticos conductores de Tuzsa. Mientras, lanzo mi monedero al interior de mi bolso. O tal vez no…

Llego al gimnasio; después de algo más de una hora de endurecimiento de culo, salgo del gimnasio y me dispongo de nuevo a coger el bus, que, esta vez, llega en seguida. Mientras subo al bus, rebusco en el bolso, pero mi monedero no está. No llevo dinero ni tarjeta bus porque todo estaba dentro del monedero, así que, ante la imposibilidad de pagar, vuelvo a bajar del bus. Llamo a mi gimnasio para ver si el monedero tiene patas y ha decidido salir a endurecer culo por el vestuario o alrededores. Pero no. A los monederos se la suda la operación bikini.

Tras blasfemar un par de veces, me paro delante de un cajero para apuntarme el número al que debo llamar para anular mi tarjeta de crédito antes de que algún listo coja la tarjeta y el DNI y se vaya de compras. Anulo la tarjeta y empiezo a pensar que sin DNI no podré votar el domingo.  Me doy cuenta de que tengo un ifón genial que todavía no me ha robado nadie (toco madera…) y decido darle uso. Busco el número de objetos perdidos de Tuzsa, me dicen que llame al día siguiente; busco el número del servicio de atención de tarjeta ciudadana para anularla y evitar que el capullo que tiene mi monedero se dedique a dar vueltas en autobús por Zaragoza a mi costa por siempre jamás (sí; sé lo q estais pensado, ¿quién en su sano juicio se dedicaría a coger buses de Tuzsa sin necesidad, sólo por joder y hacer gasto? Ya lo sé, ya lo sé… pero, oye, estaba conmocionada por la pérdida y no pensaba con claridad…)

Me dicen q como mi flamante (y nueva!!) tarjeta ciudadana pospago está asociada a mi tarjeta de crédito tengo que llamar a Ibercaja para anularla. Vuelvo a llamar a Ibercaja, le vuelvo a contar mi vida a otro tipo distinto y consigo que la anulen. Mientras tanto, mis pies se dirigen hacia la comisaria más cercana con el fin de denunciar el robo para ahorrarme así las tasas de renovación y obtener una copia de la denuncia que me permita, al menos, tener posibilidades de votar. Cuando me hacen pasar, descubro q he tenido mala suerte de nuevo. Los policías llaman ‘jefe’ al policía q me va a atender a mí. Mal. Todo el mundo sabe q el jefe suele ser el más inútil de la plantilla. La cosa puede ir para largo. Efectivamente. Durante el proceso de denuncia, el jefe llama hasta tres veces a un tal Juan para que acuda en su auxilio. El tal Juan, un policía yogurín, trata de justificar ante mí la inutilidad de su jefe: “Es q estamos con un programa informático nuevo y andamos todos probándolo, un poco perdidos…” Yo sé q lo que realmente quiere decir es q el jefe está reñido con las nuevas tecnologías y un completo cenutrio, prueba de ello es q él soluciona en un momento los problemas técnicos con el nuevo programa que tiene su jefe, pero decido hacerme la comprensiva: “Sí, suele pasar… Hasta q uno se acostumbra…”

Le manifiesto al jefe mi inquietud por no poder votar el domingo sin DNI. Me dice que no cree q me dejen y q lo único q puedo hacer es ir al Paseo de Teruel al día siguiente, muy, muy pronto, para ver si consigo una de esas pocas horas q dan sin cita previa para poder hacerme el DNI en el momento. Salgo de la comisaria, busco en ifon el número de la comisaria del Paseo Teruel. Una amable funcionaria me coge el teléfono y me dice q acuda al día siguiente a las 8 de la mañana para ver si consigo una de esas famosas horas sin cita previa, pero noto una ligera sonrisa malévola en su voz mientras dice:  “Traiga una foto y 10 euros con 20, que es lo q valen las tasas, por si acaso…” Y me cuelga.

Yo, dispuesta a todo por renunciar a mi derecho al voto, me dirijo a un cajero con la intención de sacar dinero de la Tarjeta Visa, la única que me queda, para poder ir al día siguiente con los puñeteros 10 euros con 20 (que, por otro lado, no creo tener que pagar porque yo he denunciado el robo… pero bueno, por si acaso). Encuentro un cajero, meto mi tarjeta y leo con infinita mala leche en la pantalla: ‘Tarjeta no válida. Consulte a su oficina”. Comienzo a pensar que tal vez los de la Ibercaja tienen un ligero retraso mental y han cancelado cuando les he llamado la tarjeta equivocada… Vuelvo a llamar; pero la chica que me lo coge asegura q han cancelado la tarjeta correcta y q si mi Visa no funciona es porque se ha estropeado físicamente hablando, pero q activada está. Yo no acabo de encajar cómo cojones es posible q el día q pierdes una tarjeta a la otra, a la q no pierdes, le da por dejar de funcionar, pero bueno… ya se sabe, la Ley de Murphy.

Así q me vuelvo a casa andando sin los puñeteros 10 euros con 20 y preguntándome cómo me las voy a arreglar para estar a las 8 de la mañana en la comisaria si las Ibercajas las abren a las 8.15 y yo necesito una Ibercaja con la oficina abierta para poder retirar en mano mis puñeteros 10 euros con 20!!

Suerte q ifon acudió otra vez en mi ayuda y encontró rápidamente la ley electoral, q asegura q para votar te puedes acreditar con el DNI, el pasaporte o el carné de conducir. Así q hoy he pasado de ir a hacer cola a ninguna comisaría. Me lo voy a tomar con calma. Si el domingo no me dejan votar es q ifon es tonto y no sabe lo q dice. Pero si el domingo, por el contrario sí q me dejan votar con mi carné de conducir… entonces lo que quedará en entredicho será esa famosa expresión q asegura q ‘la Policía no es tonta…’

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Comments
3 Responses to “Indocumentada… de nuevo”
  1. Jorge dice:

    No me lo puedo creer.. Esto es un guión para un monólogo ¿no?

    Ánimo, que no puede ir a peor (toco madera por si acaso)

    Un besico

    • Jajajaja! No, es todo cierto… pero contado con dramatismo para no aburrir, eso sí…

      Oye, a ver si nos vemos, no? Os hacen unas cañas o unas tapas este finde???

      • Jorge dice:

        Este no, que me voy a pasar 36 horas en la trinchera de urgencias de Utebo, pero el próximo está libre,así que ya direis…

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