Día de la libertad de expresión y prensa

HOY, 3 de mayo, se celebra el “Día Internacional de la Libertad de Expresión”. Hace más de medio siglo, el gran columnista estadounidense, Walter Lippman, afirmó tajante que “una prensa libre no es un privilegio, sino una necesidad orgánica en una gran sociedad”. Pues bien entrado el siglo XXI, todavía más de medio mundo carece de libertad de prensa y, por lo tanto, de libertad de expresión, y el otro medio tiene restricciones más o menos sutiles o incluso explícitas. Las formas utilizadas para cercenar este derecho esencial son varias y variadas. Desde las más sofisticadas como la discriminación de la publicidad institucional de cualquier nivel de las administraciones, hasta las más brutales, como persecuciones y asesinatos. Entre uno y otro, todo un conjunto de maneras innobles hacia los medios de comunicación y sus actores, por parte de políticos y grupos sociales poderosos o personalidades influyentes.

¿Por qué se celebra hoy el Día Internacional de la Libertad de Prensa? El 3 de mayo de 1991, un grupo de periodistas y editores africanos se reunió, aprovechando que se encontraban en una conferencia de la ONU en Namibia, para redactar un manifiesto, que titularon Declaración de Windhoek para el Fomento de una Prensa Africana Independiente y Pluralista, en el que se proclamaba que era necesario disponer de una prensa independiente de grupos externos, pluralista, para garantizar una libertad real y libre, en el sentido de ser reconocida jurídicamente, pues, en caso contrario, no se podría hablar de desarrollo democrático ni casi económico. El manifiesto pedía también a la comunidad internacional que se declarara ilegal la censura. Esta declaración tuvo tanto éxito que la Asamblea General de la ONU proclamó, en 1993, el 3 de mayo Día Mundial de la Libertad de Expresión y de Prensa.

En España no existe la censura del lápiz rojo, pero existen otras muchas formas de presionar a las empresas de comunicación para que entreguen un trozo de libertad a cambio de un plato de lentejas… No se producen amenazas formales, como en los regímenes totalitarios, pero sí sutiles (y a veces no tan sutiles) presiones para que una pluma se rompa, para que una voz se calle, para que un escándalo se silencie, o para que un opinador incómodo sea tachado del mapa.

Mención aparte merecen los medios de comunicación provinciales y locales, donde a veces es difícil mantener el tipo frente a las presiones. Ese corresponsal de una emisora o de un periódico que, por contar la verdad de lo que pasa en su pueblo, pone en peligro su negocio y recibe ese mensaje indecente de “cuidado-con-lo-que-dices”, o “no-sabes-con-quién-estás-hablando”.  Resistir a esas presiones también es una forma de heroísmo, porque no hay héroes pequeños o grandes. Lo que hay son personas decentes capaces de pregonar “las verdades del barquero” en su propio naufragio.  “La verdad os hará libres”, se lee en las Escrituras. Y Cervantes escribió: “Ladran, luego cabalgamos”.

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