Nunca es tarde

Supongo que no nunca es tarde para renovarse, para intentar cosas nuevas, para aprender, para retarse a uno mismo, para superarse, para seguir intentando cambiar esas cosas malas que nos vemos a nosotros mismos; esas mismas cosas que son capaces de amargarnos el día; esas cosas que, aunque el equilibrio sea imposible, convierten al mundo, a nuestro mundo, en algo más inestable aún. Ayer fue uno de esos días; un día gris a pesar del sol; un día para no salir de la cama; un día de esos en los que crees que es imposible que algo pueda salir peor… Pero bueno, como decían en una sería de TV de mi adolescencia (no diré cual para evitar la risa floja…), ‘lo bueno de tocar fondo, es que todo lo que venga después tiene que ser mejor!’.

Así que eso, que en mi intento por retarme a mí misma y demostrarme que puedo hacer cosas para las que no me he sentido nunca capacitada, esta mañana me he ido a explicarles a unos niños de 5 años el proceso de extracción del aceite en el molino de Cinco Olivas, proceso que yo misma no había tenido claro nunca (hasta esta mañana, ahora lo sé todo!) Bueno, pues a pesar de mi aversión hacia los mocosos (y más cuando están por docenas) la cosa ha funcionado y parece que hasta se han enterado. ¡Mola!

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