Traumas de la infancia

La palabra ‘trauma’ suena la mar de fuerte. Y ya no te digo si el trauma en cuestión lleva como coletilla la palabra ‘infantil’. Entonces todos lo asociamos con padres alcóholicos que pegan a sus hijos y demás sucesos escabrosos por el estilo. Yo también pensaba así. Y claro, como mis padres no me pegaban ni mi casa era un hogar desestructurado ni he vivido en orfanatos, ni reformatorios, ni nada de eso, pues siempre había pensado que yo no tenía ningún trauma infantil. Claro, eso era demasiado fuerte. Pero resulta que me he dado cuenta de que se pueden tener otro tipo de traumas infantiles sin necesidad de haber sido maltratado ni de haber pasado por el reformatorio.

A lo que me refiero, es a lo que te marcan, para bien y para mal, tus experiencias infantiles. La forma de ser de tus padres, hermanos y tu forma de relacionarte con ellos condicionan mucho el cómo se es después. Y yo nunca me había parado a pensar hasta hace unos meses en las carencias y excesos que tuve en mi casa mientras viví allí y también ahora. No le echo la culpa a nadie de nada, no es eso, simplemente he descubierto que muchas de mis reacciones y de mis formas de actuar tienen una explicación lógica si tenemos un poco de memoria histórica. No sé si estás entendiendo algo o no, pero bueno, el otro día hablé de esto mismo con mi amiga y me entendió a la perfección, así que aunque tú no me comprendas ya no me siento desamparada. Hasta aquí mi reflexión chorras de hoy. Y gratis. Ala.

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